BIENVENIDO A "LA HERIDA DE GALOIS"

Un blog de opinión en distintos temas de sociales, cultura contemporánea, popular, verso y narrativa en general. Debo aclarar que con cada extracto literario de a continuación, no se pretende afectar los sentimientos de terceras personas sino promover la libertad de expresión de ideas y la apertura al debate.

Esperando que sea de su agrado, le ofrezco una cortesana bienvenida a mi mente.

J.M. Gómez.


ENTRE REYES Y REINOS



Por: J.M.Gómez


Hace mucho tiempo, en una tierra muy muy lejana llamada Olkampas existían dos reinos vecinos reconocidos por toda la zona debido a sus tradiciones y costumbres. El primero, Mayapleis, era gobernado por el rey Cauich, mientras el segundo reino, NewTown, estaba bajo el liderazgo del rey Maximiliano.

Mayapleis era un lugar rústico, con estructuras hechas de madera de roble que terminan en techos de dos aguas, algunas veces de dos o tres pisos para los negocios comerciales y hoteles; con sus acabados en color cobrizo en distintas tonalidades. Las chimeneas de sus techos por las noches siempre se encontraban humeando sobre lo aparenta ser un mar de luces itinerantes que forman los faroles de las calles y las luces de las ventanas. En el invierno se tapizaba todo el reino de blanco con la llegada de la nieve, con esto aprovechaban dejar su marca las ruedas de las carretas y los cascos de los caballos en por toda calle nevada. Diez mil habitantes con todos los servicios básicos conformaban la comunidad, más sin embargo, para distintas épocas del año se unían dos mil forasteros más, para dejar repletas las posadas y tabernas por un par de meses, disfrutando de las fiestas tradicionales y de la tranquilidad del reino.

A unas 10 millas al sur, se encontraba el reino paradisíaco de NewTown, muy diferente a su contiguo. Este reino basaba su infraestructura en altos edificios de piedra y cristal que intimidaban a primera vista. Por la noches el panorama se pintaba de luces multicolores consecuencia de espectáculos de distinta temática; ópera, drama, bardos, trovadores, gitanos, magos, juegos de azar, mujeres, juegos atléticos, y muchos más. A diario una persona, local o foráneo, podía encontrar diversión en cualquier hora del día en NewTown, y el triple de opciones a elegir se desplegaba por la noche. El número de habitantes locales era de veinte mil, la mayoría comerciantes y cada mes había un flujo de forasteros de cincuenta mil en promedio quienes entraban y salían del reino dejando una gran derrama económica haciéndolo uno de los reinos más ricos de Olkampas.

El rey Cauich y el rey Maximiliano platicaban constantemente, ya que además de tener una buena relación, compartían convenios bilaterales para con sus reinos. Así, una noche en reunión de acuerdos comerciales, el rey Maximiliano externó con euforia:

–¡Mil diablos y más demonios!, estoy muy agotado. ¡Mira mi pelo Cahuich! –dijo mientras suspiraba y enseñaba la mollera –Ya apenas casi tengo pelo, gobernar una ciudad que no duerme, hace que yo tampoco duerma.

El rey Cauich con una expresión de sorpresa, miró detalladamente las ropas que llevaba puestas en ese momento; llevaba de la más fina piel de la zona, y más joyas en el cuerpo que la armadura completa de su comandante real; indignado por el comentario de su colega le contesta:

–Pero qué tonterías dices Maximiliano, eres el rey más rico de toda la zona y tú reino es hermoso, gente de todo el mundo lo visita a diario tal cuál fuera el centro del mundo. Qué yo no daría porque me visiten más forasteros de los que ahora lo hacen y dejen su oro en mi reino para así poder darle mejor vida a mi gente –terminó su verborrea el rey de Mayapleis con el entrecejo fruncido y un trago de vino.

–Y qué yo no daría mi buen, para lograr que tan solo por una semana me visiten menos forasteros y pueda reposar un poco para pasar más tiempo con mi reina y retoños –contestó Maximiliano desparramado en la silla y con la mirada al aire al otro lado de una mesa larga donde solo ellos dos estaban sentados frente a un gran banquete.De pronto, cómo si se hubieran puesto de acuerdo y ensayado una coreografía, de un sobresalto se pusieron ambos de pie.

–¡Ya sé, hay que cambiar los reinos! –gritaron ambos en un unísono.

–Pero las leyes reales de la Hermandad de los Trece Reinos lo prohíben, no podemos cambiar de reino o perdemos nuestras coronas – dijo el rey Cauich con una expresión en el rostro muy cercana a la desilusión.

Pero el rey Maximiliano mostraba su risa pícara y después de tomar un gran trago de vino directamente de la botella y acercándose a su compañero de mesa le sirve en la copa que usaba mientras le da una palmada en la espalda tan fuerte que casi se le cae la corona.

–Usa esa cabeza no solo para pasear la corona mi estimado morenillo – en tono cínico el rey Maximiliano comenta apoyado sobre la mesa junto al lugar donde se encuentra sentado el rey Cauich –¡Si es verdad!, los reinos no podemos intercambiar, pero lo que si podemos es intercambiar es... – callándose para darle otro trago a la botella de vino, esta vez pareciera que se la iba a gastar por los 8 segundos que se tardó y el sonido de su gaznate pasando el líquido.

–¡Ya desembucha hombre! –dijo el rey Cauich en tono ansioso interrumpiéndole su trago olímpico de vino.

– Lo que si podemos es intercambiar nombres de los reinos – finalmente dice el rey Maximiliano entre tosidos ocasionado por su ultimo trago de vino, mientras se sentaba sobre la mesa arrimando un platón de ensalada –Firmamos un edicto real para intercambiar nombres de los reinos y de ahora en adelante tu reino se llamará NewTown y el mío Mayapleis. Así con toda la fama que ya tiene el nombre de mi reino cuando pregunten por el lugar llegarán a tu dominio dejando su oro a cambio de los comercios y servicios. De esa manera poco a poco crecerá y se convertirá en un gran reino como el que tanto deseas – el rey Maximiliano se había subido a la mesa mientras hablaba. –Por otro lado, yo, por mi parte descansaré de tantos forasteros que me llegan a diario cuando en el mapa el lugar donde está mi reino aparezca el nombre de Mayapleis, y ellos buscando NewTown no entraran a mis murallas y así tenga cada vez menos trabajo del reino y más tiempo personal para mi familia –continuó Maximiliano –¡todo es lógico Cahuich! La gente busca y quiere ir a NewTown. ¡Correrán hacia ti y hacia tu reino con este plan! Y sino da resultados en un año, cancelamos el edicto y recuperamos los nombres originales de nuestros reinos que otorgaron nuestros ancestros.

Al término de su discurso, el rey Maximiliano, le dio el último trago a la botella de vino, la lanzó por los aires estrellándola con la pared y casi simultáneamente a todo esto dio una cabriola sobre la mesa que lo llevo justo delante de su colega que yacía sentado escuchando atento extendiéndole la mano como movimiento final para cerrar el trato. El rey Cauich se quedó pensativo un momento, luego sonrió y apretó la mano de su compañero.

Y así lo hicieron.

Desde aquella noche el rústico reino de Mayapleis pasó a ser ahora el rústico reino de NewTown, y por otro lado, el paradisiaco reino de NewTown pasó a ser el paradisiaco reino de Mayapleis.

Sin embargo, el tiempo transcurrió y el nuevo reino de NewTown siguió teniendo su misma cantidad de forasteros al año y un crecimiento económico muy lento. Por otro lado, el nuevo reino de Mayapleis expandió sus fronteras y llegó a ser uno de los reinos más ricos de de todo el mundo.

Así fue como plan entre reyes y reinos de aquellos dos amigos fracasó, y por azares del destino no pudieron revocar su edicto ya que la semana posterior de firmar su acuerdo real, el rey Maximiliano fue víctima de atentado en donde unos forasteros disgustados con el sistema le disparan una flecha al corazón mientras dormían con su amante. Muere al instante.

El rey Cauich por su parte al notar el plan fallido, se pasa la mitad de su vida tratando de recuperar el nombre origen de su reino, pero un edicto real no puede ser revocado sino solamente por las personas que lo firman. Le llega la muerte a los 90 años en su castillo junto a su chimenea bajo las lágrimas de su reina, cuatro hijos y siete nietos.

Y mientras todo se va poniendo oscuro, su último pensamiento es:

–Mi epitafio, ¿Qué escribirán en mi epitafio? ¿¨Aquí yace un mayapleisiano¨ o ¨Aquí yace un newtowneano?

Esto pasó hace mucho tiempo, en una tierra muy muy lejana...










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