LA DECADENCIA DE UNA SOCIEDAD
Por: J.M. Gómez (25/may/2017)
La sociedad es la pieza fundamental en la vida de una persona. Con ella se forman personalidades y actitudes, se crean vínculos afectivos que consolidad nuestros sentimientos y emociones, y de la misma manera, por medio de ella se construyen nuestros más bizarros desórdenes en el interior de la mente.
Desde hace más de 3000 años se ha intentado forjar una sociedad bajo un esquema de bienestar para sus integrantes. En el imperialismo de las civilizaciones antiguas, después con la potencia paragónica de la filosofía griega, hasta llegar a las guerras nacionalistas del siglo pasado; se ha promovido siempre el conocimiento y la integridad en los grupos colectivos, con momentos de errores, pero siempre evolucionando hacía el objetivo lejano de la utopía social que soñó Tomás Moro en el Renacimiento.
Sin embargo, hoy parece ser que la sociedad, en un nivel generalizado, ha presentado una pérdida de valor, las acciones de sus agentes la han conducido a un estado de decadencia y a un futuro en declive total.
Si observamos detenidamente, la educación ha sido banalizada junto con sus promotores, al grado que el sistema social proyecta desinterés y abandono en exceso por la ciencia, cultura y tecnología.
De la misma manera, la política, que en su génesis griego “politikos” y es sinónimo de ciudad o social; término que emergió de la mente de Aristóteles para definir al hombre como un animal social que vive en ciudades y debe ser controlado por reglas y leyes. Hoy el mismo hombre ha cambiado la perspectiva de la política, es vista como un medio para acumular riqueza en lugar de controlar y ayudar a la sociedad, haciendo que el animal social se convierta en un animal vulgar y consecuentemente gran parte de la sociedad desee ser político de profesión en lugar de adquirir conocimiento formal que le ayude a generar su patrimonio.
Lo anterior origina que la delincuencia y los líderes sociales se unan para satisfacer sus necesidades mutuamente creando a los conocidos delincuentes de cuello blanco. Líderes de instituciones públicas mantienen sus intereses personales a costa de la misión y visión de estos organismos, dando malos resultados en sus objetivos comunitarios. Cuando esto se despliega a las instituciones educativas el impacto negativo en la sociedad es sistemático, creando un cancerígeno círculo vicioso de antivalores que van enfermando a la sociedad por generaciones.
Los medios de comunicación, que en sus principios juraron ser los voceros de la verdad dentro del sistema, en una sociedad degenerada son discípulos de Judas, donde con ficciones protegen la verdad de los ricos y agravan la realidad de los pobres.
La impunidad, injusticia e inequidad por parte de los gobiernos y protectores de la seguridad pública han ocasionado que la sociedad misma comience sanguinariamente hacer justicia por su propia mano produciendo barbarie e involución social. Y en la calle, tribus urbanas y estratos sociales proclaman sus ideologías de una manera radical y violenta, exigiendo sus derechos con voces de respeto e igualdad a la sociedad, perdiendo muchas veces su identidad por la que pugnan.
El feroz enfrentamiento entre el machismo y el feminismo en los hogares es cada vez más intensa que la “Batalla de las Termópilas” entre espartanos y persas, ocasionando un desorden familiar en las relaciones que llega a el fin de la historia de amor. Mientras en las oscuras terceras habitaciones niños expertos en las últimas tecnologías van sumando cada vez más a la generación de los cuellos caídos, y dejando atrás a los milenials y otras generaciones de niños pragmáticos afines a la ciencia experimental, investigación, lectura e interacción social.
Sin duda la lista de dolencias para la tan lastimada sociedad del presente es larga, y va en aumento. El diagnóstico es tristemente un canibalismo social, el autoconsumo consciente de sí misma, siendo el hombre un parásito simbiótico que más daño le hace, y sin cura, a este ritmo, la muerte de la sociedad es inminente.



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