¡ANTES CHAVO, HOY CHAVORUCO!
Por: J.M.Gómez
Son las 10:30 pm, momento en que el chavo decide guardar su pistola Zapper justo después de una partida frenética de Duck Hunt; esta vez logró avanzar niveles superiores pegando el cañón del arma en la pantalla de su Tv Goldstar de 20 pulgadas hasta que la dificultad del juego hizo que esta treta falle. Mientras piensa en lo complicado que es el juego, aún para ganar con trampa, va enrollando los cables de los mandos alrededor de ellos mismos para finalmente colocárlos sobre una empolvada y amarillenta consola NES, con determinación da el switchazo que apaga al instante la máquina creando un breve momento aturdidor de estática como si hubiera una tormenta fuera de casa, y, que se segundos más tarde se enmudece al girar la perilla de la Tv.
Después de su visita rutinaria al cuarto de baño, y antes de llegar a la hamaca donde librará un segundo round con Morfeo ya que en la tarde el dios lo venció por fatality; hace una escala en el volcán colgado en la pared, al parecer algunos monstruos se han caído por la fricción del ambiente en la habitación. Medusa, La Bestia y Coatlicue son restaurados a su posición original mientras con serendipia se percata en un calendario de Star Wars cercano que el día de mañana es, ¡sábado!. De sobresalto se dirige al escritorio cerca de la ventana, ahi yace una computadora con OS Windows 95 aún prendida y activada por su protector de pantalla que deambula en un infinito laberinto digital en 3D. En el primer cajón del escritorio, se encuentra una variedad de Pepsicards, tazos de Looney Toons, películas VHS, comics de Marvel, DC y dos trolles despeinados; el chavo toma un reloj despertador de la serie Voltrón que estaba semi-escondido entre todas esas piezas revueltas de colección y emoción que constantemente eran amenazadas por la mamá para ser objeto del basurero.
En el reloj, el chavo, marca las 8 am para el sonido de alarma. La emoción comienza invadir su ser. Mañana, como todos los sábados, después de un albor idílico con Adriana de Castro y el Carisaurio; es día de visitar la videoclub por un videojuego extra para el fin de semana.
–¿Qué nuevas aventuras me esperan estos días del fin de semana? –su mente comienza a tornarse en un estado inefable.–Tal vez debería repetir algún juego, eso podría ser –los recuerdos fluyen cuando enfrentó a bichos gigantes en su auto de guerra en Blaster Master, o recorrer Mushroom Kindom volando como Raccoon Mario para rescatar a la princesa de Bowser, que tal uno de sus favoritos, como Ducktales o Megaman.
–Y camino de regreso del videoclub, no puedo olvidar pasar por una cajita de Sonric’s con Don Alfred –Y así, fijando su mirada en un póster de Striker 94, en un big ban de ideas que representan la simplicidad de una problemática adolescente, el chavo cae en un acendrado descanso.
Son las 8:30 am, el chavo se despierta con desasosiego, se percata que el despertador falló en sonar la alarma. Enojo, frustración, quejarse ya no servirá, sabe que lo mejor es vestirse raudo, sus pensamientos lo tranquilizan, y momentos después, con una mano de gel en el cabello y una manzana para el desayuno le ha ganado tiempo al tiempo.
En un momento, al desplazarse por la habitación, se detiene junto a su consola Play Station 4 y observándola con una mirada afable, la nostalgia lo invade. Segundos después, se voltea hacia el heredero que permanece aún durmiendo en su lecho rodeado por peluches de dragones, le deja el mando de la consola en los brazos, y el chavo se va a la oficina de trabajo.
El chavo de ayer, hoy es chavoruco.



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