MIS CLASES DE CIVISMO
Por: J.M. Gómez

Hoy terminando de leer una nota el “El Economista”, mientras me endulzaba los labios con un buen capuccino de Starbucks, recordé en flashback mis clases de Civismo en la secundaria. Particularmente se me vino a la mente el tema “Los Poderes de la Unión”. Recuerdo cómo, con una voz bastante aguda como la tesitura de un tenor, nos contaba el maestro Soberanis, mi maestro de Civismo; como funciona el Gobierno de México y entre definiciones académicas y anécdotas recuerdo un aprendizaje...
Nuestro país es una República Federal, es decir, una federación, ya que es la unión de 31 gobiernos soberanos que son los estados, y; república porque cada uno de estos estados elige a sus gobernantes y representantes de entre el pueblo por democracia u otro método popular. En ese mismo sentido, el Presidente del país, quien es el líder supremo de esta unión, es elegido de la misma manera, y toma como sede el territorio número 32, Ciudad De México, siendo la capital del país.
Así, existen tres fuerzas que son elementales para que la federación se mantenga en armonía, los “Tres Poderes de la Unión”, son los cimientos del gobierno y la argamasa entre cada nivel, federal, estatal y municipal.El Poder Legislativo conformado por los Senadores y Diputados quienes son los representantes populares de cada estado y los encargados crear, modificar o anular las leyes en la Federación y sus partes. Una vez creada las leyes el Presidente de la República Mexicana, los Gobernadores y Presidentes Municipales son los designados de administrar y ejecutar las leyes, por ello son portadores del Poder Ejecutivo. Y finalmente el Poder Judicial recayendo en los Juzgados de Distrito y Jueces de la Suprema Corte de Justicia son los obligados a supervisar para que se cumplan las leyes en todo el territorio mexicano, castigando a quien actúe contra las mismas, sea pueblo o gobierno.
Bajo estos tres poderes me enseñaron que se funda nuestro gobierno como república, federal, democrática, representativa y laica. Sin embargo hoy, en notas periodísticas, difusión, radio, redes sociales, televisión, veo un panorama contrario a las páginas patrióticas de los libros de textos y clases idílicas de mi buen maestro de Civismo. Los tres poderes se han debilitado esencialmente al grado que seguimos teniendo una Federación pero ya no tenemos la unión.
Hoy en día existe un Poder Legislativo donde la mayoría de sus miembros se dedican a ser productores masivos de intereses individuales, formado por representantes personales o de pequeños grupos en lugar de ser el primer frente de la voz popular en el país, un nivel donde las estrategias políticas y las campañas no terminan mientras el heroico trabajo de legislar realmente nunca comienza.
Mientras tanto el Poder Ejecutivo se utiliza para tomar decisiones sin considerar ley alguna y bajo idealismos egocéntricos convirtiendo el gobierno en una dictadura itinerante, amenazando incluso la naturaleza de los demás Poderes y con ello a todo el sistema de gobierno.
Se ha iniciado una guerra contenciosa entre sectores de los Poderes de la Unión que ha tenido como consecuencia una tormenta de procesos de amparo ante el Tribunal Superior de Justicia. Sin embargo, el Poder Judicial, siempre ha favorecido a quien tenga la firma más larga en el cheque, y en esta batalla es fácil observar quien tiene la ventaja.
Es un tiempo crucial para México, con una enfrentamiento entre las fuerzas de la Federación por un parte y por el otro distintos agentes políticos favoreciéndose para crear un Poder Supremo, con dos trimestres seguidos de su economía a la baja lo que significa una recesión y una burbuja inflacionaria en creación, las calificadoras degradando al país, una fuerte incertidumbre en su sistema político, entre muchos otros factores; la República Federal Mexicana que alguna vez fue, ahora con sus cimientos desmoronándose hay mucha probabilidad que en mediano plazo ya sólo sea, México sin República.


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