POLVO DE ESTRELLAS
Por: Neil Gaiman
Su mano palpó los pequeños pechos de ella a través de la seda de su vestido, y tocó sus duros pezones. Ella se abrazó a él como si se estuviera ahogando, y se peleó con sus pantalones, con su camisa. Era tan pequeña que él tenía miedo de hacerle daño, de romperla. No fue así. Ella se retorció y se removió debajo de él, jadeando, sacudiéndose, y guiándole con la mano.
Depositó un centenar de besos ardientes sobre su cara y su pecho, y entonces se colocó encima de él, montándole, jadeando y riendo, sudada y escurridiza como un pez, y él se arqueaba y empujaba, estaba lleno de júbilo, con la mente repleta de ella y sólo de ella; de haber podido, habría gritado su nombre.
Al final, él habría querido salir, pero ella le retuvo en su interior, le envolvió fuertemente con las piernas y apretó con tanta fuerza que sintió que los dos ocupaban el mismo espacio en el universo; como si, durante un poderoso y sobrecogedor momento, fueran ambos la misma persona, dando y recibiendo, mientras las estrellas se desvanecían en el cielo que precede el alba.
(Extracto de Stardust de N.Gaiman)
Su mano palpó los pequeños pechos de ella a través de la seda de su vestido, y tocó sus duros pezones. Ella se abrazó a él como si se estuviera ahogando, y se peleó con sus pantalones, con su camisa. Era tan pequeña que él tenía miedo de hacerle daño, de romperla. No fue así. Ella se retorció y se removió debajo de él, jadeando, sacudiéndose, y guiándole con la mano.
Depositó un centenar de besos ardientes sobre su cara y su pecho, y entonces se colocó encima de él, montándole, jadeando y riendo, sudada y escurridiza como un pez, y él se arqueaba y empujaba, estaba lleno de júbilo, con la mente repleta de ella y sólo de ella; de haber podido, habría gritado su nombre.
Al final, él habría querido salir, pero ella le retuvo en su interior, le envolvió fuertemente con las piernas y apretó con tanta fuerza que sintió que los dos ocupaban el mismo espacio en el universo; como si, durante un poderoso y sobrecogedor momento, fueran ambos la misma persona, dando y recibiendo, mientras las estrellas se desvanecían en el cielo que precede el alba.
(Extracto de Stardust de N.Gaiman)



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