BIENVENIDO A "LA HERIDA DE GALOIS"

Un blog de opinión en distintos temas de sociales, cultura contemporánea, popular, verso y narrativa en general. Debo aclarar que con cada extracto literario de a continuación, no se pretende afectar los sentimientos de terceras personas sino promover la libertad de expresión de ideas y la apertura al debate.

Esperando que sea de su agrado, le ofrezco una cortesana bienvenida a mi mente.

J.M. Gómez.


EL OCTAVO CÍRCULO

 Por: J.M. Gómez

 

Pasados los autoritarismos y totalitarismos del siglo XX; la democracia ha sido el sistema de gobierno más común en el mundo, y, como consecuencia natural adquirió fuerza el concepto de partido político.
 
En la Constitución Mexicana desde el año 1977 bajo una reforma en el artículo 41 se define partido político como la representación del derecho político-electoral a la libre organización de ciudadanos que buscan un acceso al poder público mediante el sufragio universal.
 
En 1985 el catedrático y publicista Ramón Cotarelo menciona que un partido político es toda asociación voluntaria de la sociedad, que aspira al poder político mediante su presentación en procesos electorales. 
 
Por su parte el politólogo italiano Stefani Bartolini en 1996, define el concepto como un grupo de individuos que participan en elecciones competitivas con el fin de hacer acceder a sus candidatos a cargos públicos representativos. 
 
Bajo el contexto de las definiciones anteriores, podemos reducir que un partido político es un grupo de ciudadanos que tienen el objetivo de servir y representar a otros ciudadanos en cargos públicos alcanzados mediante procesos electorales.
Sin embargo de la teoría a la práctica se rompe el encanto. Hoy en día, los partidos, principalmente los más longevos, se asemejan más sectas que a grupos de participación política. Si bien, las personas que los conforman tiene el objetivo de alcanzar el poder público en cualquiera de los tres niveles de gobierno, una vez lograda la victoria en las elecciones, olvidan su compromiso de representatividad y servicio de manera imparcial para cualquier persona del pueblo. 
 
De esta manera, aparecen sujetos partidistas y partidarios de una élite viciosa, un círculo repleto de beneficios únicamente para sus miembros, quienes pagan con una recíproca lealtad ciega, muda y sorda; convirtiéndose en cómplices de fraudes, robos, asesinatos y múltiples atrocidades de los gobiernos en los que deberían ser los principales críticos, pues terminan siendo los más impávidos defensores o más destacados lambiscones.
 
Así, el partidismo de ser entendido como el santo grial de la democracia contradictoriamente se ha convertido en un semillero de prospectos para el octavo círculo del infierno de Dante. Un cáncer que carcome el avance hacia una mejor Nación y usado como herramienta de enriquecimiento para unos cuantos en un camino que se ha desviado en resolver la principal problemática de la política mexicana, reducir la amplia brecha entre ricos y pobres.
 
Por ello, es indispensable que los neopartidistas en la actualidad fijen una postura de vocación al servicio público con eficiencia y neutralidad, en aras de resarcir el daño que tanto se ha hecho al país. Porque hoy México necesita más idealistas y menos aduladores, más revolucionarios y menos mercenarios. México hoy necesita más héroes nacionales y menos partidos políticos.

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