MEMORIAS DE UN DOCENTE
Por. J.M. Gómez
Siempre había pensado que las matemáticas eran muy complicadas. Recuerdo los famosos “quebrados” de quinto grado de primaria, tan intrincados y odiados. Me tomaba todo el fin de semana realizarlos para alcanzar a duras penas el máximo valor con mi maestra, quien, como extra para mi ego, anotaba un “muy bien” a lado del diez en forma de remolino que pintaba con su elegante pluma sobre la hoja de mi tarea, mientras en su rostro siempre estaba aquella cariñosa sonrisa.
En la secundaria, las cosas no mejoraron mucho, porque además de tener que vadear un campo de hormonas inquietas para combatir con la épica belleza de Julia, quien siempre le tocaba sentarse a unos bancos cerca de mi; ahí estaban las ecuaciones, siempre las complejas ecuaciones que me hacían caer en el segundo lugar del cuadro de honor mensual publicado en el periódico mural de la escuela.
Llegan los tiempos de prepa, ahí mi apreciación sobre las matemáticas cambió radicalmente. Comencé a disfrutar esta ciencia, entender su composición, objeto y trascendencia; convirtiéndose en una de mis clases favoritas, al grado de seleccionar como especialidad la de Físico-Matemáticas junto con solo ocho valientes compañeros de los 40 en la generación, todos le huían a la especialidad del terror, aunque nadie se salvaba de la devastación que traía la asignatura de tronco común “Etimologías”.
Y así, en un abrir y cerrar de ojos, pasaron los bimestres, luego los semestres y años. Sin duda las matemáticas al finalizar la prepa fue un área que se consolidó en mi persona como una pasión, para a ser reflejo de mi futuro profesional, y sumarle un gran valor socio-emocional de respeto y admiración a aquellos profesores que desde primaria me habían enseñado a ver las matemáticas justo como en realidad son y no como la sociedad las ha denostado por usos y costumbres.
Hoy 5 de octubre, al observar que es el “día mundial del docente”, tuve un flashback de segundos en mi mente recordando a todos y cada uno de mis maestros de las diferentes áreas y niveles educativos, algunos siguen formando soldados para la vida, otros en su merecida jubilación, y los demás ya están dando clases en algún lugar al que ninguno de nosotros podemos llegar, por ahora.
Muchas gracias maestros y maestras por regalar su conocimiento y valores, ustedes han sido y serán siempre el pilar de nuestra comunidad.
"Ad astra per aspera"



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